La Fiesta del Agua es una de las celebraciones populares más esperadas dentro de las fiestas patronales de San Bartolomé, en la localidad de Tejina, perteneciente al municipio de San Cristóbal de La Laguna, en la isla de Tenerife. Se trata de una actividad lúdica que reúne a vecinos y visitantes en un ambiente de convivencia, diversión y participación colectiva.
Origen
Nace como una iniciativa popular destinada a aliviar el calor del verano durante las fiestas patronales. Con el paso de los años se ha consolidado como una tradición muy apreciada por la población local, especialmente por niños y jóvenes, aunque actualmente participan personas de todas las edades.

Forma parte del programa festivo que culmina con la celebración de los famosos Corazones de Tejina, una manifestación cultural con más de un siglo de historia, declarada Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Canarias y reconocida como patrimonio cultural inmaterial.
Desarrollo de la fiesta
La celebración consiste en una gran batalla de agua que tiene lugar en las calles principales del pueblo. Durante el evento los participantes se lanzan agua utilizando cubos, mangueras, pistolas de agua y otros recipientes, mientras que los vecinos colaboran desde balcones y terrazas mojando a quienes participan en la fiesta.

El impacto ambiental de la Fiesta del Agua
A pesar de que constituye una de las actividades más populares de las fiestas patronales de San Bartolomé, en un contexto de creciente preocupación por el cambio climático, la escasez de recursos hídricos y la necesidad de promover un desarrollo sostenible, al Fisgón de Anaga le resulta oportuno analizar críticamente las implicaciones ambientales de este tipo de celebraciones.
Consumo de agua
Uno de los aspectos más cuestionables de esta fiesta es el elevado volumen de agua que previsiblemente se emplea con fines exclusivamente recreativos. Aunque el consumo total puede variar de una edición a otra y no siempre existen datos oficiales publicados, el uso continuado de mangueras, cubos y otros dispositivos supone un aprovechamiento de un recurso natural cada vez más limitado.

En territorios insulares como Canarias, donde la disponibilidad de agua depende en gran medida de acuíferos, galerías, desalación y reutilización, cualquier actividad que implique un consumo significativo de agua merece una evaluación desde la perspectiva de la sostenibilidad.
Contradicción con las políticas ambientales
Las administraciones públicas promueven habitualmente campañas de ahorro de agua dirigidas a la ciudadanía, especialmente durante los meses de verano, recomendando limitar el riego, reducir el consumo doméstico y adoptar hábitos responsables.
La celebración de eventos que fomentan el uso masivo del agua puede transmitir un mensaje contradictorio respecto a esas políticas, dificultando la concienciación ciudadana sobre la importancia de preservar este recurso.
Impacto sobre el medio ambiente
Además del consumo de agua, este tipo de eventos puede generar otros impactos ambientales, entre ellos:
- Incremento del consumo energético asociado al abastecimiento y distribución del agua.
- Generación de residuos derivados de envases, plásticos y otros materiales utilizados durante la celebración.
- Aumento de las tareas de limpieza viaria y del consumo adicional de recursos para restaurar los espacios públicos.
- Emisión indirecta de gases de efecto invernadero asociados al ciclo integral del agua.
Aunque algunos de estos efectos puedan ser temporales, su acumulación debe ser considerada dentro de una gestión responsable de las fiestas populares.
Responsabilidad institucional
Las administraciones tienen la responsabilidad de compatibilizar la conservación de las tradiciones con la protección del medio ambiente. En este sentido, resulta recomendable que cualquier actividad que implique un consumo elevado de recursos naturales sea objeto de una evaluación ambiental y de medidas destinadas a minimizar su impacto.
Entre estas medidas podrían contemplarse:
- Utilización exclusiva de agua regenerada o reutilizada cuando sea técnicamente posible.
- Establecimiento de límites al consumo de agua.
- Implantación de campañas de sensibilización ambiental durante la celebración.
- Publicación de datos transparentes sobre el consumo de agua y las medidas de compensación ambiental adoptadas.
Consideraciones éticas
En un escenario marcado por episodios recurrentes de sequía y por la necesidad de garantizar el acceso al agua para usos esenciales, el empleo de grandes cantidades de este recurso con fines recreativos plantea un debate ético sobre la prioridad de los usos del agua y la responsabilidad colectiva en su conservación.
Las fiestas populares forman parte del patrimonio cultural y social de una comunidad; sin embargo, las tradiciones también pueden evolucionar para adaptarse a las nuevas realidades ambientales sin perder su identidad.
Conclusiones del Fisgón
La Fiesta del Agua de Tejina representa una tradición festiva profundamente arraigada en la comunidad, pero también plantea interrogantes sobre su sostenibilidad ambiental. En el contexto actual de emergencia climática y creciente presión sobre los recursos hídricos, resulta conveniente replantear aquellas prácticas que impliquen un consumo elevado de agua, promoviendo alternativas que permitan mantener el carácter festivo del evento con un menor impacto ambiental.
La verdadera esencia de una tradición no reside en repetir exactamente las mismas prácticas año tras año, sino en su capacidad para evolucionar sin perder su significado. El reto para la sociedad de Tejina y para las administraciones públicas consiste en encontrar un equilibrio entre la conservación del patrimonio cultural y la protección de un recurso tan valioso como el agua.
La protección del patrimonio cultural y la conservación de los recursos naturales no son objetivos incompatibles. Al contrario, la adaptación de las celebraciones a criterios de sostenibilidad puede contribuir a garantizar su continuidad y aceptación social en las próximas generaciones.
La pregunta que debe plantearse la comunidad es: ¿podemos seguir celebrando con la misma intensidad, pero reduciendo el impacto sobre el medio ambiente? Afrontar este desafío exige creatividad, compromiso y responsabilidad compartida.
Las tradiciones perduran cuando saben adaptarse a su tiempo. Cuidar el agua no significa renunciar a la fiesta, sino garantizar que las generaciones futuras puedan disfrutar tanto de las celebraciones como de los recursos naturales que las hacen posibles.
