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La Fiesta del Agua es una de las celebraciones populares más esperadas dentro de las fiestas patronales deSan Bartolomé, en la localidad deTejina, perteneciente al municipio de San Cristóbal de La Laguna, en la isla de Tenerife. Se trata de una actividad lúdica que reúne a vecinos y visitantes en un ambiente de convivencia, diversión y participación colectiva.
Origen
Nace como una iniciativa popular destinada a aliviar el calor del verano durante las fiestas patronales. Con el paso de los años se ha consolidado como una tradición muy apreciada por la población local, especialmente por niños y jóvenes, aunque actualmente participan personas de todas las edades.
Forma parte del programa festivo que culmina con la celebración de los famosos Corazones de Tejina, una manifestación cultural con más de un siglo de historia, declarada Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Canarias y reconocida como patrimonio cultural inmaterial.
Desarrollo de la fiesta
La celebración consiste en una gran batalla de agua que tiene lugar en las calles principales del pueblo. Durante el evento los participantes se lanzan agua utilizando cubos, mangueras, pistolas de agua y otros recipientes, mientras que los vecinos colaboran desde balcones y terrazas mojando a quienes participan en la fiesta.
El impacto ambiental de la Fiesta del Agua
A pesar de que constituye una de las actividades más populares de las fiestas patronales de San Bartolomé, en un contexto de creciente preocupación por el cambio climático, la escasez de recursos hídricos y la necesidad de promover un desarrollo sostenible, al Fisgón de Anaga le resulta oportuno analizar críticamente las implicaciones ambientales de este tipo de celebraciones.
Consumo de agua
Uno de los aspectos más cuestionables de esta fiesta es el elevado volumen de agua que previsiblemente se emplea con fines exclusivamente recreativos. Aunque el consumo total puede variar de una edición a otra y no siempre existen datos oficiales publicados, el uso continuado de mangueras, cubos y otros dispositivos supone un aprovechamiento de un recurso natural cada vez más limitado.
En territorios insulares como Canarias, donde la disponibilidad de agua depende en gran medida de acuíferos, galerías, desalación y reutilización, cualquier actividad que implique un consumo significativo de agua merece una evaluación desde la perspectiva de la sostenibilidad.
Contradicción con las políticas ambientales
Las administraciones públicas promueven habitualmente campañas de ahorro de agua dirigidas a la ciudadanía, especialmente durante los meses de verano, recomendando limitar el riego, reducir el consumo doméstico y adoptar hábitos responsables.
La celebración de eventos que fomentan el uso masivo del agua puede transmitir un mensaje contradictorio respecto a esas políticas, dificultando la concienciación ciudadana sobre la importancia de preservar este recurso.
Impacto sobre el medio ambiente
Además del consumo de agua, este tipo de eventos puede generar otros impactos ambientales, entre ellos:
Incremento del consumo energético asociado al abastecimiento y distribución del agua.
Generación de residuos derivados de envases, plásticos y otros materiales utilizados durante la celebración.
Aumento de las tareas de limpieza viaria y del consumo adicional de recursos para restaurar los espacios públicos.
Emisión indirecta de gases de efecto invernadero asociados al ciclo integral del agua.
Aunque algunos de estos efectos puedan ser temporales, su acumulación debe ser considerada dentro de una gestión responsable de las fiestas populares.
Responsabilidad institucional
Las administraciones tienen la responsabilidad de compatibilizar la conservación de las tradiciones con la protección del medio ambiente. En este sentido, resulta recomendable que cualquier actividad que implique un consumo elevado de recursos naturales sea objeto de una evaluación ambiental y de medidas destinadas a minimizar su impacto.
Entre estas medidas podrían contemplarse:
Utilización exclusiva de agua regenerada o reutilizada cuando sea técnicamente posible.
Establecimiento de límites al consumo de agua.
Implantación de campañas de sensibilización ambiental durante la celebración.
Publicación de datos transparentes sobre el consumo de agua y las medidas de compensación ambiental adoptadas.
Consideraciones éticas
En un escenario marcado por episodios recurrentes de sequía y por la necesidad de garantizar el acceso al agua para usos esenciales, el empleo de grandes cantidades de este recurso con fines recreativos plantea un debate ético sobre la prioridad de los usos del agua y la responsabilidad colectiva en su conservación.
Las fiestas populares forman parte del patrimonio cultural y social de una comunidad; sin embargo, las tradiciones también pueden evolucionar para adaptarse a las nuevas realidades ambientales sin perder su identidad.
Conclusiones del Fisgón
La Fiesta del Agua de Tejina representa una tradición festiva profundamente arraigada en la comunidad, pero también plantea interrogantes sobre su sostenibilidad ambiental. En el contexto actual de emergencia climática y creciente presión sobre los recursos hídricos, resulta conveniente replantear aquellas prácticas que impliquen un consumo elevado de agua, promoviendo alternativas que permitan mantener el carácter festivo del evento con un menor impacto ambiental.
La verdadera esencia de una tradición no reside en repetir exactamente las mismas prácticas año tras año, sino en su capacidad para evolucionar sin perder su significado. El reto para la sociedad de Tejina y para las administraciones públicas consiste en encontrar un equilibrio entre la conservación del patrimonio cultural y la protección de un recurso tan valioso como el agua.
La protección del patrimonio cultural y la conservación de los recursos naturales no son objetivos incompatibles. Al contrario, la adaptación de las celebraciones a criterios de sostenibilidad puede contribuir a garantizar su continuidad y aceptación social en las próximas generaciones.
La pregunta que debe plantearse la comunidad es: ¿podemos seguir celebrando con la misma intensidad, pero reduciendo el impacto sobre el medio ambiente? Afrontar este desafío exige creatividad, compromiso y responsabilidad compartida.
Las tradiciones perduran cuando saben adaptarse a su tiempo. Cuidar el agua no significa renunciar a la fiesta, sino garantizar que las generaciones futuras puedan disfrutar tanto de las celebraciones como de los recursos naturales que las hacen posibles.
Hay lugares donde el viento no solo sopla: recuerda.
En el extremo más antiguo de Tenerife, allí donde las montañas se precipitan hacia el océano y la niebla abraza los bosques de laurisilva, se alzan los roques y los picos de Anaga. Parecen inmóviles, pero quienes han aprendido a escuchar saben que llevan millones de años conversando entre ellos.
Cada amanecer, cuando la primera luz del sol se derrama sobre los acantilados, el Roque de Dentro despierta antes que nadie. Observa el mar con la paciencia de quien ha visto nacer y desaparecer innumerables generaciones. Frente a él, el Roque de Fuera rompe el horizonte como un centinela solitario que jamás abandona su puesto.
Más arriba, las crestas de Chinobre, Taborno, Cruz del Carmen y Cabezo del Tejo intercambian silencios que solo el viento comprende. No necesitan palabras; basta el vuelo de un cuervo, el paso de una nube o el rumor de una lluvia lejana para entenderse.
Hace mucho tiempo, cuando los antiguos habitantes de la isla recorrían estos senderos, existía la creencia de que las montañas poseían un alma. Decían que cada roca guardaba la memoria de una persona valiente y que ningún camino permanecía igual dos días seguidos. Era la tierra quien decidía mostrar el sendero únicamente a quienes caminaban con respeto.
Una tarde de otoño, una joven llamada Acoray («la que escucha al viento») ascendió desde la costa siguiendo el perfume húmedo del monteverde. Buscaba respuestas que nadie en su aldea había sabido darle. Su abuelo le había hablado de una montaña que conocía todos los secretos del tiempo y le aseguró que, si lograba encontrarla antes de que el sol se ocultara, regresaría siendo otra persona.
El camino parecía sencillo al principio. Los helechos cubrían las laderas como un océano verde, mientras los brezos y los laureles tejían un techo de hojas sobre su cabeza. Sin embargo, cuanto más ascendía, más espesa se volvía la niebla.
Entonces ocurrió.
Las siluetas de los picos comenzaron a transformarse.
No cambiaban realmente de forma; era la luz quien jugaba con ellas. El Roque de Taborno parecía un anciano de perfil sereno. El Cabezo del Tejo adoptaba el aspecto de una mujer que sostenía el cielo con ambas manos. Las agujas de piedra parecían gigantes dormidos, guardianes de un mundo que existía antes de los hombres.
—¿Por qué me habéis llamado? —preguntó Acoray sin saber a quién dirigía sus palabras.
El viento respondió primero.
Después hablaron las piedras.
No con sonidos, sino con recuerdos.
La muchacha contempló el nacimiento de aquellos montes bajo un océano desaparecido. Vio cómo el fuego levantaba la isla desde las profundidades del Atlántico. Observó la llegada de los bosques, el vuelo de las primeras aves y las huellas de los antiguos pobladores que aprendieron a vivir entre barrancos imposibles.
Comprendió entonces que el tiempo no avanzaba en línea recta.
Giraba.
Como las nubes que regresaban cada invierno.
Como las semillas que caían para convertirse en nuevos árboles.
Como las mareas que nunca repetían la misma ola.
Cuando el último rayo de sol iluminó los roques, la piedra adquirió un color dorado imposible. Durante unos instantes, todo Anaga pareció respirar.
—Nuestro secreto es sencillo —susurró la montaña—. Permanecer no significa quedarse inmóvil. Permanecer es cambiar tan despacio que solo el tiempo puede advertirlo.
Acoray descendió en silencio.
No llevaba tesoros ni respuestas escritas.
Solo una certeza.
Cada vez que el viento recorriera los picos de Anaga, sabría que no era el aire quien hablaba.
Eran los guardianes de piedra, que seguían contando la historia de la isla a quienes todavía conservaban la paciencia para escuchar.
Y desde entonces, cuando la niebla cubre las cumbres y el océano parece confundirse con el cielo, algunos caminantes aseguran distinguir voces antiguas entre los roques.
No sienten miedo.
Porque comprenden que aquellas montañas no vigilan la isla para protegerse de los hombres.
La custodian para que los hombres no olviden quiénes fueron, de dónde vienen y cuánto puede enseñarnos una roca que lleva millones de años contemplando el mismo horizonte.
Para celebrar estas fiestas nada mejor que el emblemático grupo del folclore y la música popular canaria, que viene siendo ya todo un clásico dentro de la Navidad. En este repertorio, en el que se recopilan los villancicos más populares de Canarias y Latinoamérica, se quiere dar a conocer, difundir y garantizar la conservación de unas preciadas composiciones musicales, de carácter popular, que enriquecen la cultura de unos territorios que comparten muchas semejanzas.
Los Sabandeños comenzaron su exitosa actividad musical en 1965. Cinco décadas después, el grupo de jóvenes universitarios que se constituyó entonces como formación se ha convertido en una de las principales referencias de la música popular canaria, con más de 95 trabajos discográficos publicados y un reconocimiento del público que trasciende el Archipiélago. El espectáculo Los Sabandeños cantan la Navidad se grabó en el Parque Tecnológico de Las Mantecas, La Laguna, el 11 de diciembre de 2021.
El biólogo, químico y economista francés Antoine-Laurent Lavoisier dijo en 1794 refiriéndose a la química: “La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma”. Tal vez este sea el caso de la gran mayoría de los grabados rupestres que aún hoy en día siguen descubriéndose y despertando una extraordinaria expectación entre los investigadores, las autoridades y la ciudadanía, en general.
Hoy vamos a hablar de las estaciones de grabados rupestres de La Fajana y El Verde (Barranco Tenisca) del Lomo Gordo-Lomo de La Trocha I en el Pico Bejenado, situados en la isla de La Palma, que fueron descubiertos, de forma casual, a comienzos de mayo de 1982.
La espectacularidad y belleza de los motivos suscitó un gran interés, especialmente los denominados “soliformes” de La Fajana, que, actualmente, siguen siendo únicos en la arqueología palmera. Por ello, la Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias colocó una valla metálica y acondicionó el espacio, creando una estrecha plataforma rocosa, para que los turistas puedan disfrutar de la visita y garantizar la conservación del yacimiento.
Los grabados rupestres de El Verde.
La estación de grabados rupestres de El Verde se encuentra en las inmediaciones del antiguo Camino Real de La Cumbre o La Banda, que comunicaba Santa Cruz de La Palma con el Puerto de Tazacorte. Inicialmente conocidos como Cementerio de El Paso, destacan por sus enormes espirales que, en algunos casos, superan el metro de diámetro. Este yacimiento cuenta con 13 paneles de motivos geométricos de una belleza poco habitual y sorprendente.
Se sitúan sobre la cota altitudinal de los seiscientos metros y se labraron sobre la parte derecha del Barranco Tenisca (El Paso), aprovechando la existencia de un caboco (salto) de forma semicircular con una anchura máxima de unos veinte metros. La gran mayoría de las inscripciones prehispánicas se realizaron en la parte superior de los riscos expuestos hacia el oeste.
Espiral en El Verde (Bco. Tenisca. El Paso). Foto Jorge Pais
La presencia de los petroglifos en esta zona se explica debido a que, durante el solsticio de verano, los rayos del sol poniente iluminan el grupo principal de motivos a través de una grieta natural que queda justo enfrente, lo cual podría relacionarse con cultos astrales y astronómicos, o bien porque durante las lluvias invernales se forma una gran charca, ocupando buena parte del caboco, que se conservaba durante mucho tiempo y, con toda probabilidad, sería aprovechada por la población benahoarita para beber y, sobre todo, para llevar a cabo sus rituales propiciatorios.
Los grabados rupestres de La Fajana.
La estación de grabados rupestres de La Fajana (San Telmo. El Paso) se encuentra en las inmediaciones del antiguo Camino Real de La Cumbre o La Banda, que comunicaba Santa Cruz de La Palma con el Puerto de Tazacorte.
Los petroglifos, situados en la parte superior de la margen izquierda de una amplia depresión-barranquera que desagua en el Barranco Tenisca, constituyen el yacimiento rupestre más complejo de la arqueología palmera. El soporte es un paredón vertical de basalto completamente lleno de inscripciones con una superficie de unos cuatro metros de anchura por tres metros de altura, en la que prácticamente no quedó ningún hueco sin grabar.
El hallazgo de estos grabados generó una inusitada expectación porque destacaban unas inscripciones desconocidas en la antigua Benahoare.
Benahoarita o auarita, popularizado también modernamente como awara, es el término con el que se conoce al pueblo aborigen de la isla de La Palma —Canarias, España— que habitaba la misma antes de la conquista europea a finales del siglo xv.
Isla de La Palma, denominada Benahoare por sus primeros pobladores | Wikipedia
Se trataba de figuras circuliformes, rápidamente denominadas “soliformes”, cuyo interior está segmentado con trazos rectos, curvilíneos o sinuosos, que se han relacionado con cultos astrales y astronómicos o marcadores topográficos.
La temática es de tipo geométrico, incluyendo espirales, círculos y semicírculos concéntricos en diferente grado de desarrollo, enracimados, trazos lineales y curvos sencillos que podrían corresponderse son símbolos alfabéticos, etc.
La estación de petroglifos se correspondería con una especie de santuario en el que los benahoaritas realizaban ritos relacionados con el culto al sol, a su dios Abora o para pedir que éste último les enviase las ansiadas y necesarias lluvias.
El investigador Viera y Clavijo (s. XVIII) concebía que los grabados rupestres de Belmaco eran “puros garabatos, juegos de la casualidad o la fantasía de los antiguos bárbaros”. Contrariamente, los resultados prácticos, ya en pleno siglo XX, apelan a una destreza mágico-religiosa de culto a la fecundidad del agua en representación de “charcos con ondas y pequeñas corrientes de agua” en un contexto del Bronce Atlántico. En los años de 1960-1980, Diego Cuscoy, Antonio Beltrán y Mauro Hernández, aun influenciados por esta corriente atlantista, amplían los conceptos de cultos al Sol, la lluvia… Posteriormente, otros investigadores supeditan su significación a una batería de propuestas asociadas a actividades pastoriles y a prácticas propiciatorias mágico-religiosas para indicar rutas, propiedades privadas, señalización de campos de pastoreo, fuentes, petición de lluvia… Su verdadero significado es aún una cuestión no resuelta.
Nuestra concepción racional del mundo nos impide comprender la memoria de nuestros ancestros. El pasado se nos revela como real y es capaz de atrapar a todo aquel que no solo se conforma con la apariencia sino con encontrar respuestas solventes. Ahora bien ¿podemos recuperar, al menos, una parte de esa evocación perdida?
Hoy vamos a hablar sobre una de las leyendas más interesantes que han formado parte de la cultura canaria en un momento crucial de su historia, la conquista y ocupación de la isla de Tenerife.
En el momento de su conquista, a Tenerife se la conocía con el nombre de Planasia, la “isla errante”, un topónimo de origen griego frente al resto de denominaciones isleñas que son claramente de origen latino. Tal denominación se debe a que era la isla con mayor extensión de terreno y habitantes («latitudo Planasiae referta mortalibus«, así la describe Alfonso de Palencia, cronista del siglo XV que narró la conquista). Algunos investigadores opinan que esta designación estaba en estrecha relación con las erupciones volcánicas del Teide, resultando de esta idea una especial vinculación entre la actividad telúrica y su significado de isla flotante.
Es cierto que el Teide ha constituido un motivo obligado de referencia en la descripción del Archipiélago, predominando ante cualquier otra simbología isleña, pues, admirado y mitificado, ha despertado la curiosidad de cuanto viajero arribaba a nuestras costas. Palencia en su descripción del famoso pico, a diferencia de los autores clásicos, quienes solían pintarlo cubierto de nieve, nos transmite la imagen espantosa de una cumbre altísima, de difícil acceso y de la que brota continuamente un fuego infernal. Esta asociación de Tenerife con el vocablo “infierno”, que aparecía ya en la cartografía medieval, así como en los relatos de viajes y en los informes oficiales de la época, se mantiene en las noticias que tenemos sobre la isla en la centuria de su conquista, aportadas principalmente por los cronistas e historiadores. Así, por ejemplo, fray Alonso de Espinosa escribe “Con todo esto conocían haber infierno, y tenían para sí que estaba en el pico de Teide, y así llamaban al infierno Echeyde, y al demonio Guayota” (Historia de Nuestra Señora de Candelaria, 1952, p. 35), haciéndose eco de esta asociación al exponer la creencia guanche que situaba al demonio en el Teide.
Volcán de Pico Viejo o Chahorra (Narices del Teide)
La asociación de Tenerife con el vocablo “infierno” responde a la creencia guanche que situaba al demonio en el Teide.
Otro aspecto interesante de la nesominia canaria reflejado en cronistas como Palencia es el nombre que se emplea para designar al conjunto de islas del Archipiélago, donde observamos tanto el nombre genérico deFortunatae Insulae, como el apelativo deCanaria, que aparece ya en los autores clásicos (Plinio, Historia Naturalis, VI, 199-205) y que, aunque en un principio es aplicado a Gran Canaria, con el tiempo dará nombre a todo el Archipiélago. Contrariamente a la creencia difundida de que el nombre de Canaria se debe a la abundancia de perros de gran tamaño (canis “perro”), su nombre vendría determinado por ser habitada por los Canarii, pueblo del sur de Marruecos situado frente a Canarias (M. Martínez, Las Islas Canarias en la Antigüedad clásica. Mito, Historia e imaginario,, 2002).
En cuanto al nombre colectivo de Afortunadas, expresión mítica de origen latino dada a las Islas Canarias desde antiguo, se atribuye no sólo a las cualidades y bondades de la tierra, sino también a su ubicación geográfica que va a servir como punto de apoyo para expediciones más lejanas. Situadas frente a la costa de Mauritania, las islas ofrecían una navegación más segura hacia las costas de Etiopía y Libia, donde se encontraban las minas de oro codiciadas por castellanos y portugueses, quienes supieron comprender el valor de estas tierras como base desde la que se podría controlar toda la costa conocida. Pero, además de resultar un refugio seguro para las naves, las islas ofrecían una gran cantidad de recursos naturales que permitían el abastecimiento de la flota y el comercio con los mercados europeos, como es el caso de la abundancia de madera en Tenerife o el comercio de la orchilla, un material sumamente útil para el teñido de las telas, aunque, sin duda, el bien más preciado continuaba siendo la venta de esclavos, que, desde antiguo, representaba un lucrativo negocio para piratas y mercaderes, y que, en época de la conquista, fue un negocio legal que enriqueció a capitanes y, cómo no, a la Corona.
Los aborígenes canarios eran una mercancía muy solicitada en los mercados europeos y peninsulares, especialmente en los de Sevilla, Valencia y Mallorca. Una de las respuestas a la necesidad de justificar la captura de esclavos canarios fue la consideración de sus habitantes como “bárbaros”, lo que supuso el mayor trasvase poblacional de la historia.
Según el testimonio de Palencia, los dueños de Planasia eran feroces guerreros (cum barbaris illis Planasiam possidentibus), cuya esclavitud sobrellevaban con arrogancia más que con sometimiento (capiuntque incautos ad servitutem quam superbe nihilominus quam debiliter subeunt), y a los que ni el varón de fe más encendida pudo convertir al cristianismo.
En líneas generales, la visión de los cronistas e historiadores que narraron la conquista de las Islas, y en particular la de Tenerife, nos deja la imagen de una isla de grandes dimensiones, poblada de grandes bosques y feroces guerreros, envuelta en antiguas tradiciones, donde el bien más preciado fue, sin duda, sus habitantes.
Para más información, pueden descargar el texto completo:
La costa de Punta del Hidalgo (Tenerife, Islas Canarias)
El documental de Ecoáreas-mardetodos recoge testimonios de vecinos de Punta del Hidalgo, entre ellos algunas caras conocidas incluso lejos de las islas como Chago Melián y José Manuel Ramos. El vídeo que vemos a continuación, titulado ‘Punta del hidalgo: territorio estratégico para un turismo sostenible y comunitario (2022)’, expone el gran valor medioambiental y cultural del emblemático pueblo costero.
Este vídeo que compartimos es una construcción colectiva que reúne las voces de personas cercanas a la realidad que contamos, personas comprometidas con la transformación social a través de la participación, el cuidado y el trabajo colectivo.
El documental, compartido por la Asociación Mosaico Canarias, que ha participado también en la organización, presenta un antes y un después de la costa de La Punta, tras la regularización de las acampadas.
Se recuerda el daño producido por el vertido de los residuos en la costa y, por ello, el grave problema de contaminación. Además, las acciones humanas suponen un daño importante para las especies de aves que viven entre Punta del Hidalgo y Bajamar, uno de los pocos lugares elegidos por las aves migratorias para descansar y recuperar fuerzas durante un vuelo de miles de kilómetros.
Las casetas de avistamiento, construidas por un carpintero local no solo tienen un valor educativo, ya que reciben visitas continuas de centros escolares, sino que suponen un interés añadido a ornitólogos y turistas, aquellos que no solo buscan sol y playa.
El valor cultural de Punta del Hidalgo es de sobra conocido. “Aquí, el que no sabe cantar sabe bailar o es escultor. La Punta es el lugar idóneo para crear”, explica Esther Medina. La artista recuerda que “la música reggae la trajeron a la punta los turistas americanos que venían a hacer surf en los años 70”.
José Manuel Ramos, puntero ilustre que no necesita presentación, se mostró “orgulloso de la actividad cultural que hay en La Punta. Es algo que me motiva y es algo que he ido ofreciéndole al mundo y diciéndole que soy de Punta del Hidalgo”.
Con esto queremos destacar los valores punteros y poner el foco en el cuidado y preservación de un espacio tan único como este.
Este peculiar árbol, construido en acero inoxidable, de cinco metros de altura y 450 kilos de peso, forma parte del patrimonio escultórico de Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias) desde diciembre de 2021.
Ubicada en la Plaza de España, la obra del artista vasco Julio Nieto, bajo el título Lo llevo bien, tiene la apariencia de un hombre con forma de árbol que soporta sobre sus hombros distintos pensamientos esculpidos en sus ramas, simbolizando -según los entendidos- el optimismo del ser humano.
En el 2014, el artista decidió exponer temporalmente esta escultura en la capital. Se comenzó entonces a recaudar dinero, a través de una plataforma en Facebook, para poder adquirirla y dejarla en la ciudad permanentemente. Sin embargo, el objetivo no se alcanzó, y la pieza viajó por muchas galerías de arte de Madrid, Barcelona, Alemania, Miami y Nueva York. Pasado el tiempo, y tras conocer la historia, el…
Con el nombre de «Los Siete Ojos» se conoce uno de los acueductos más antiguos y curiosos de nuestro Archipiélago, cuya estructura sigue fielmente el patrón de los antiguos acueductos romanos.
La gestión y el uso del agua en Canarias ha creado toda una cultura en torno al preciado recurso, que hunde sus raíces en la sociedad aborigen de las Islas y que se desarrolla a partir de la presencia europea. Múltiples son los sistemas y estrategias de captación, almacenamiento y distribución tanto para riego como abastecimiento de población, que en gran medida han dependido de factores geográficos, climáticos, económicos y técnicos a lo largo del tiempo. El resultado es un rico patrimonio hidráulico que alcanzó su cénit a finales del S.XIX y mediados del XX.
Inicialmente los canales se construyeron entre finales del siglo XIX y principios del XX para el transporte del agua desde los nacientes a los centros de consumo. En ellos, el agua se desplaza por gravedad sin consumo energético; esto implica que el diseño de las pendientes debe ser lo más eficiente posible. Actualmente, el agua se transporta mediante acequias, tajeas, canales y tuberías, parte de las cuales constituyen un valioso patrimonio cultural, ni protegido ni usado como activo económico.
Los cauces de los distintos municipios atesoran a menudo un patrimonio hidráulico tan valioso como abandonado. Algunos de los más significativos vestigios de aquellas acequias levantadas sobre pilares de piedra, la mayoría del siglo XIX, fueron obras financiadas por particulares.
Estos acueductos, que durante décadas calmaron la sed de los campos y de las gentes, ayudaban al agua a salvar la difícil orografía de los paisajes canarios, salpicados de barrancos y valles, para así abastecer depósitos, fuentes y pilares de uso público. Pero hace muchos años que el único agua que les toca es la que cae de la lluvia o la que acaricia sus pilares cuando corre por los cauces.
Los acueductos ya no canalizan agua, pero sí canalizan historia. Y no precisamente una historia menor. Además de vestigios etnográficos de un valor científico incalculable, sus estructuras evocan un pasado marcado por el poder del agua y por la necesidad de controlarla y distribuirla.
Acueducto «Los Siete Ojos» | Wikiloc
Entre ellos destacamos el acueducto de “Los Siete Ojos”, en el Barranco de Tafuriaste (Puerto de la Cruz, Tenerife). El acueducto llega hasta Montaña de Las Arenas, cruzando el propio barranco Tafuriaste. En ese punto, el acueducto de piedra es más alto, para salvar las crecidas del propio barranco. Para llegar a él, tan solo hay que recorrer un sendero perfectamente señalizado, a cuyo término podremos disfrutar de una bella panorámica del Puerto de la Cruz y el Valle de La Orotava.
Un verdadero tesoro, escondido y olvidado por la mayoría de los habitantes de la zona, excepto por nosotros, los fisgones.
Para Mikhail Bakhtin, as festividades "são uma forma primordial, marcante, da civilização humana", logo, a festa, o carnaval e a cidade, são convidados especiais deste espaço.